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Likes y donaciones: una estrategia con dos caras

Likes y donaciones: una estrategia con dos caras

¿Es posible cambiar el mundo con likes y retweets? Dos iniciativas ofrecen respuestas diferentes a este interrogante.Leer más

¿Recuerda las miles de iniciativas lanzadas a través de Facebook en las que supuestamente por dar like a una imagen se le iba a dar comida a un niño necesitado o a financiar el tratamiento de una persona enferma? Si bien muchas de estas campañas son un ejemplo que deja ver la conciencia colectiva de las personas y su deseo de ayudar, muchas veces no se traducen en más que eso: un ‘deseo de cambio’. Ante este tipo de “virales” y cadenas, dirigidas a resolver problemáticas a través de las redes sociales y las cuentas de correo electrónico, aparecen dos alternativas: por un lado, generar campañas en contra de dichas dinámicas y pedir ayuda económica abiertamente y, por otro, convertir el problema en una nueva oportunidad para desarrollar aplicaciones que aprovechan el denominado ‘activismo de escritorio’ y lo convierten en dotaciones de alimentos, vestuario o material educativo.

Primera alternativa: los likes no tienen impacto, debemos volver a las donaciones

A comienzos de este año Unicef, cansado del apoyo virtual sin resultados reales, lanzó su campaña Likes don’t save lives para invitar al público a tomar acción, dejar a un lado los likes y acercarse a los bancos a donar dinero. El programa de la ONU hace énfasis en este caso en que los likes son positivos pero no salvan vidas ni ayudan realmente a los niños. Una serie de 3 comerciales producidos en Suecia, muestra que en ningún aspecto de la vida los likes sirven como medio de pago, ni para comprar una prenda de ropa, ni para pagar la cuenta de un restaurante. La campaña busca transformar el apoyo a las causas benéficas a través de las redes sociales en una cultura real de donación.

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Segunda alternativa: el contenido de tus redes es el punto de partida para el cambio

Feedie es una aplicación que permite convertir las fotos que muchos comparten a diario en Facebook y Twitter de sus platos favoritos en donaciones de alimento para niños necesitados. Un claro ejemplo de la utilización inteligente del contenido que genera el público, que mezcla el altruismo del chef Mario Batali y la Fundación Lunchbox con la necesidad latente de auto-reconocimiento de muchos de los usuarios de las redes sociales.

El app, disponible para iOS, funciona de manera simple: una vez descargada, el usuario deberá conectarse con Facebook y/o Twitter una única vez. Cuando la persona vaya a alguno de los más de 100 restaurantes aliados que tiene la app en Estados Unidos, debe hacer un Check-in y tomar una foto a su comida. El restaurante automáticamente hará una donación a Lunchbox y la app publicará un tweet o post en el que se muestra el restaurante, la imagen del plato y el número de donaciones que el usuario ha logrado hasta el momento.

Si bien ninguno de los enfoques es reprochable puesto que los dos enfrentan la realidad de formas válidas y contundentes, Feedie representa una forma probablemente más eficaz de aprovechar las redes sociales para ayudar al mundo. El aprovechamiento de contenidos y/o interacciones del público se configura como una opción estratégica tanto para vender productos como para conseguir donaciones. Teniendo en cuenta que las personas quieren ayudar, pero no muchas de ellas están dispuestas a comprometerse más allá de un cómodo click, un modelo como el de esta aplicación satisface el deseo de colaboración del público, genera conversación, le da visibilidad a los restaurantes asociados y le ofrece a los adeptos de las redes sociales una razón más para publicar las imágenes que tanto quieren mostrar.

Parece inverosímil que con el avance tecnológico las donaciones tengan que seguirse haciendo de forma económica en entidades bancarias. La colaboración y el desarrollo de trabajos conjuntos entre diferentes segmentos del mercado proporciona excelentes opciones para lograr un beneficio colectivo. Nace un nuevo recurso de donación diferente al dinero y el tiempo: el contenido.

Juliana Price Albornoz
    Creo en la interacción humana como principio fundamental para existir. Hoy la web nos invita a participar y agruparnos construyendo espacios colaborativos para crear un mundo mejor. Si bien pertenezco a la era digital, me apasiona descubrir todos los días que la imaginación es un recurso inagotable que permite el desarrollo de ideas sorprendentes.